Wednesday 26 July 2017

30 años de democracia en Argentina

El 30° aniversario de urnas abiertas de manera ininterrumpida en Argentina merece un análisis de lo logrado y de lo que todavía falta conseguir en el período democrático más largo de la historia del país.

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El pasado 10 de diciembre se cumplieron 30 años del retorno de la democracia en la Argentina, cuando Raúl Alfonsín asumió la Presidencia en 1983. Tres décadas han pasado desde que los argentinos recuperamos el derecho político fundamental de elegir a nuestros representantes, y en todo este tiempo han sucedido varios hechos que demuestran avances concretos que contrastan con más de una crisis política, económica y social. Hay cosas por las que sería justificado celebrar, pero sin dejar de reflexionar y pensar en las materias pendientes y desafíos más que importantes que son necesarios superar para el crecimiento de la sociedad argentina.

Lo primero que hay que rescata de la democracia es la confirmación de la libertad como principal garantía constitucional de derechos y obligaciones como ciudadanos, lo que implicó el cese de la persecución, violencia y muerte como herramienta sistemática de imponer políticas de Estado. Más allá de varias deudas pendientes que todavía debemos resolver como país, e importantes desilusiones provocadas por errantes administraciones nacionales y provinciales, no podemos dejar de valorar la participación política de la sociedad, que excede al acto eleccionario. La democracia, más allá de los gobiernos de turno, en estos treinta años trajo un alcance considerable de políticas de inclusión social, de generación de empleo asociadas a políticas de género -aumento de participación femenina en el mercado laboral y en ámbitos de decisión política- y de políticas sanitarias y educativas.

Para entender la vida democrática moderna, no podemos dejar de tener en consideración a las necesarias organizaciones de mediación entre el Estado y la sociedad civil: sindicatos, partidos políticos, e incluso cámaras representativas de sectores económicos privados. Y aquí es donde se puede encontrar la principal deuda de estos últimos treinta años: el egoísmo y la falta de diálogo entre estos sectores derivaron en la ausencia de objetivos compartidos entre los diferentes actores políticos y económicos de la Argentina. El débil fortalecimiento institucional de los partidos políticos generó la ausencia de políticas de Estado que trascendieran los gobiernos de turno, rasgo fundamental a la hora de aspirar a un crecimiento integral como país democrático.

Es por esto que los treinta años de experiencia democrática deben servirnos a los argentinos para aprender de los errores cometidos y exigir una clase dirigente responsable, tanto en su rol de gobierno como de oposición, para aspirar a un país en donde los intereses personales o particulares queden relegados frente a políticas concretas que impliquen un desarrollo integral de nuestra sociedad. Somos un país joven, que aún tiene mucho por aprender y muchos recursos para crecer. Debemos cuidar a la Democracia y respetarla, ya que depende sólo de nosotros hacer que estos 30 años sean los primeros de un interminable régimen de pluralidad y libertad.

Imagen de Beatriz Murch

Sobre el autor

Gonzalo Plecity is Senior Account Executive for the Public Affairs practice in Edelman Argentina. He hold a BA in International Relations at the University of the Salvador. Previously, he worked as Operations and Supplies Officer in Pleamar Srl.