Como suele pasarme, me siento a escribir y los dos hemisferios en mi cabeza plantean posiciones totalmente distintas, por lo que me debato internamente, me cuestiono y me pongo a investigar para decidir cual gana.
¡Sin dudas estoy a favor de las políticas de maternidad/paternidad! En algún momento de mi vida me gustaría ser madre y las políticas de teletrabajo, horario flexible, licencia extendida y todo combo que pueda tener van a ser bienvenidas, pero no puedo dejar de pensar…y hasta entonces, ¿qué?
Soy joven –o al menos con 27 años recién cumplidos todavía quiero creer eso- y no soy madre por elección. Todavía quiero disfrutar del tiempo libre con mi novio sin mayor responsabilidad que decidir qué queremos comer o a quién le toca elegir la salida, y honestamente me da un enorme placer dormir un domingo hasta el mediodía.
Pero entonces lo que me planteo es: si decido no ser madre, o hasta que llegue ese momento, ¿mis elecciones valen menos? El tiempo que tengo fuera de la oficina es el mismo, quiera ver a Topa y Muni con mi hijo o ir a un after con amigas. ¿Pero son las políticas existentes las que definen qué es “importante” o las restricciones culturales con las que crecemos?
Como sociedad estamos programados para pensar que de jóvenes hay que sacrificarse, “hacer carrera”, para luego sentarse alrededor de la mesa y disfrutar en familia de lo sembrado. Pero oigan, ¡quiero vivir hasta ese momento! Los expertos dicen que los de la “Generación Y” somos más demandantes, más respetuosos de nuestro tiempo. Y es verdad. Como también es verdad que cuando estamos contentos nos ponemos y defendemos la camiseta. Y a terminar con eso de que no nos comprometemos con nuestro trabajo ni hacemos horas de más cuando es necesario, ¡se ve que no le preguntaron a nadie que yo conozca!.
Pero volviendo al tema de hoy: en los últimos años la sociedad cambió, las demandas de los empleados cambiaron, y lo que necesitamos es sacarnos el chip y remplazarlo por uno nuevo. Padres, madres, jóvenes y no tanto somos todos iguales. Hoy en muchas empresas, Edelman inclusive, hay al alcance políticas y dispositivos que permiten a los empleados flexibilizar su tiempo. Las empresas van por buen camino, y no son las políticas las que dan un valor a nuestras acciones, sino que somos nosotros mismos. Es necesario promover un cambio de comportamiento y dejar de mirar de reojo cuando alguien se va en hora para llegar a su clase de teatro o decide hacer uso del horario de verano para hacerse una escapadita a la playa.
El tiempo de todos vale. Lejos de verse en la mirada ajena, mirémonos el ombligo y con las calzas puestas y botella de agua en mano, cerremos la computadora a las 6 para irnos a yoga.
