Wednesday 24 May 2017

El cibercrimen no es un juego

El cibercrimen no es un juego. Y mucho menos en América Latina. De acuerdo a un estudio global desarrollado por Norton, el antivirus más popular del planeta, y dado a conocer en septiembre de este año, más del 75% de los adultos encuestados en Brasil y México admitió haber sufrido al menos un ataque cibernético en los últimos doce meses. Las cifras globales no son menos escalofriantes: 388 mil millones de dólares. Este monto es el resultado del tiempo perdido por las víctimas sumado a los costos directos de los ataques (dinero robado por los maleantes). Comparado con otros flagelos mundiales, el cibercrimen es más grande que el mercado negro de marihuana, cocaína y heroína (combinados) y se acerca al valor total del tráfico de drogas en todo el planeta.

¿Cuáles son las causas de esta tendencia? ¿Cómo se explica que caigamos tan fácilmente en las trampas de los delincuentes informáticos? La cultura de la piratería es una de las principales razones de este fenómeno en Latinoamérica. Lamentablemente para un gran parte de la población, sin importar clases sociales, no es considerada un delito, o al menos, se la ejerce sin grandes cuestionamientos morales. De esta forma, el riesgo al que se expone el usuario es altísimo. Se descargan archivos dudosos de Internet y se utiliza software ilegítimo que finalmente termina destruyendo los equipos.

Otro aspecto alarmante es la ignorancia de grandes segmentos de la población sobre los riesgos reales del cibercrimen. Aquí hay múltiples responsables. Desde las instituciones educativas, públicas y privadas, que no forman adecuadamente a los jóvenes pasando por los medios de comunicación masivos, en cuya agenda no figuran estos temas, y terminando con los Gobiernos locales, que no desarrollan planes de concientización y capacitación para los ciudadanos. Las consecuencias, nefastas, son previsibles y no sorprenden. Como anécdota, recuerdo cuando hace unos años le regalé un antivirus a una periodista del principal canal de televisión de Argentina y se quedó mirando la caja atónita, no entendiendo de qué se trataba. Y esa gente se supone que debe educar al público…

Estamos necesitando un cambio. Especialmente en la mentalidad de las personas. Debemos desterrar el “a mí no me va a pasar”, tan típico de Latinoamérica. Debemos dejar de aprender de los errores y anticiparnos a ellos. Ese es el camino. Si queremos, podemos.

Juan Pablo Daniello

Sobre el autor

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